Cine

Una parte del viaje es el final (pero no siempre la mejor)

Resulta irónico empezar un proyecto hablando del final, pero supongo que siempre me he sentido identificado con las ironías, o como a ellas se refería Jacinto Benavente: “una tristeza que no puede llorar y sonríe”.

Tendemos a identificar el final como algo triste, con el dolor y con la inevitable melancolía, más aún cuando pensamos en el fin de una historia, y más aún con aquellas que nos agitan y nos revuelven como un mar embravecido. Quizá sea por hedonismo, por la constante y sistemática valoración del la finitud (empezando por la nuestra propia) como algo negativo o por la aterradora perspectiva de no volver a encontrar una ficción que alcance esas cotas en nosotros.

Sea como fuere, puede que la única verdad de la podamos estar seguros sea ésa que Tony Stark le dedicaba a Pepper Pots mientras viajaba a la deriva a bordo de la Milano: “parte del viaje es el final”.

Aunque no siempre la mejor.

Los grises nunca han sido nuestra fuerte como especie, y ante una respuesta confusa pero real siempre vamos a tender a preferir otra manejable aunque polarizada. Sin embargo, el gris forma parte de nosotros tanto como las contradicciones.

Por ello, no es extraño que, aunque nunca vayamos a desear que se termine algo que nos hace vibrar y que nos emociona, ansiemos ese final en la sombra, de manera silenciosa e inconsciente, esperando que suponga un inevitable clímax para la obra; un colofón final que, por idiosincrasia, supere todo lo visto, escuchado, leído, jugado o experimentado hasta el momento.

Hasta donde puedo recordar, 2019 está siendo el año que más sagas vea cerrar en lo que a la historia cultural reciente se refiere: Marvel, Star Wars, Juego de Tronos, El protegido, Kingdom Hearts, Metro… La lista es tan larga como la de reboots, remakes o secuelas espirituales, aunque ése sea tema de otro escrito.

Y si extenso es el catálogo de obras, más aún lo son las entradas en foros, subforos, hilos y discusiones que han germinado como resultado. Más allá de valoraciones, lo cierto es que las obras mencionadas no están dejando a nadie indiferente, especialmente en lo referente a los capítulos conclusivos de tres de los mayores exponentes culturales contemporáneos: la última temporada de Juego de Tronos, Endgame (Vengadores/Marvel) y El ascenso de Skywalker (Star Wars).

Algunos me diréis que futuros spin-offs, secuelas y continuaciones mantendrán vivas a las sagas nombradas, aunque de ningún modo tal y como las hemos conocido hasta ahora. En resumen, sabéis a lo que me refiero.

Particularmente llamativo ha sido el caso de la adaptación de Canción de hielo y fuego, considerada como una de las mejores series de la historia y con algunos datos de audiencia y producción que verdaderamente son historia de la televisión. Y sin embargo, paradójica e irónicamente, ha sido su éxito y las expectativas sobre su final lo que la han lapidado, cosechando en los últimos capítulos sus peores valoraciones en páginas como Metacritic, Filmaffinity o IMDb.

Vengadores: Endgame ha sido mucho mejor tratada por la crítica popular y especializada, y la tónica general es que es un digno final para la autoproclamada Saga del Infinito. No obstante, parte significativa del fandom, entre quienes me incluyo, no hemos podido pasar por alto sus flaquezas en cuanto a guión, ritmo y un personaje de Thanos reducido a una caricatura de sí mismo.

Por su parte, qué decir de Star Wars, de El despertar de la Fuerza y, sobre todo, de Los últimos Jedi o el largometraje que dividió a una comunidad de fans. Quienes me conocen saben que la saga ambientada hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana es la niña de mis ojos, esa obra con la que no puedes ser imparcial, de la que no te costará ver su luz y cuyos fallos jamás te saltarán a la vista. Aun así, tan innegable es mi extremismo como el rechazo que las secuelas han generado en parte de acérrimos seguidores a las trilogías, a expensas de un episodio IX que a duras penas logrará acercar posturas.

La indiferencia no es una opción cuando se trata de finales y conclusiones.

Sin embargo, a menudo me veo obligado a recordar que las dudosas decisiones en cuanto a personajes y guión de la última temporada de Juego de Tronos no influyen en que Las lluvias de Castamere o Vientos de invierno sean dos de las mejores obras audiovisuales que haya visto en televisión, que las carencias del personaje de Thanos en Endgame no cambiarán el punto de inflexión que supuso para mí su chasquido en Infinity War, que por muy decepcionante que me pueda llegar a resultar El ascenso de Skywalker, Star Wars seguirá siendo la saga de mi vida.

Que en la cultura, como en la vida, el destino es el viaje, no su final.

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