Literatura, Videojuegos

Sobre Kafka y Flight Simulator

¿El mejor libro del mundo lo seguiría siendo si nadie lo pudiese leer? ¿Y si solo lo pudiesen leer unos pocos? ¿Y si esa exclusividad provocara que nunca se le diera el reconocimiento que merece? Manuel Vilas sostiene que la literatura es aquello que la gente lee, haciendo referencia precisamente a lo contrario: nada que no se lee puede llegar a ser literatura. Una visión tan cruda como real, me temo, aunque nunca se llegue a estar seguro del alcance de nuestra inevitable visión capitalista en cuanto a la sobreimportancia del éxito. No es fácil definir el arte, y aunque me gusta pensar que las obras maestras lo serían incluso aunque nadie las experimentase (lo cual da lugar a un pensamiento todavía más romántico, que es el de las genialidades que nunca serán descubiertas), la realidad a la que me lleva mi pesimismo es la de repercusión como condición sine qua non para la importancia.

No he leído a Kafka, más allá de algunas de sus citas y fragmentos. No he leído a uno de los autores más influyentes de la literatura universal, y aun así, es él quien me viene a la mente cada vez que pienso en términos de resonancia. “Antes de él, nada era kafkiano, y ahora todo es kafkiano”, decía el autor de Ordesa. Resulta hasta incómodo pensar en lo diferente que habría sido la literatura contemporánea de no ser por Max Brod, que publicó la mayor parte de los escritos del literato astrohúngaro, contra los deseos de éste. Pero, ¿y si nunca lo hubiese hecho? Esos escritos habrían seguido existiendo, serían un ente tácito. En tal caso, quizá solo hubiesen estado al alcance de unos pocos. Es decir, aun con todo, se habrían leído. ¿Seguirían siendo, en esa ucronía, literatura? ¿Podemos arrebatarle la accesibilidad global y pública a la obra de Kafka manteniendo su valor idiosincrásico?

No lo creo.

Mucho se ha hablado sobre accesibilidad y videojuegos a lo largo de los últimos meses, o esa es mi impresión. Con frecuencia, se ha sacado a colación el tema para poner de relieve la importancia de que personas con discapacidad puedan disfrutar de un título de la misma forma que cualquiera. Sería, desde luego, un enorme paso adelante para estas personas y, más allá, para nosotros como sociedad, conseguir esta inclusión. Como lo sería para la propias obras y sus autores, considero. No me cabe la idea de construir, esculpir, pintar, componer, escribir, rodar o desarrollar una obra sin la inquietud de que llegue a un público lo más amplio posible, como el único camino a ser valorada. Este río, sin embargo, solo fluye en una dirección, que considero necesario explicitar: no estimo que sea el reconocimiento lo que le da valor al arte, sino más bien su accesibilidad lo que posibilita, en última instancia, dicho mérito.

Todo esto me lleva a caminos insospechados, que confluyen en el videojuego Microsoft Flight Simulator, cuyo análisis he publicado recientemente y no sin fatiga para Navi Games. El título de Asobo Studio ostentará durante mucho tiempo el honor de ser uno de los mayores hitos tecnológicos del medio —si no el mayor—, así como se recordarán su caótico lanzamiento, su vanidad y sus costuras. “El nuevo Crysis”, como empieza a ser considerado, haciendo referencia al mastodonte técnico de Crytek, que resultaba prohibitivo hasta para los equipos más avanzados de su década. Una muletilla que encierra una realidad mucho menos pegadiza, y es que el simulador, que se vanagloria por una recreación imposible del planeta Tierra a escala 1:1, resulta literalmente imposible de mover con máxima fluidez con la actual generación de componentes de ordenador. Prueba de ello es el vídeo del usuario Variable, que muestra una tasa de frames por segundo rara vez superior a 30 y que incluso baja de los 20 en los ambientes más recargados, en un equipo de altísima gama y, todo sea dicho, con la configuración gráfica más elevada (que no debería ser un tope para un equipo que ronde los 1.500€).

No escondo que estos problemas, que no son otros que obstáculos para la accesibilidad, condicionaron mi experiencia, mi opinión y mi análisis del título. El rendimiento, como habréis adivinado, no mejora en ordenadores más humildes, llegando a términos de lo injugable. No dudo que Flight Simulator vaya a suponer un antes y un después en la creación de escenarios, o que se recoja en un futuro con merecimiento en libros y documentales. No dudo que llegará un día en que cobre valor, el valor que sin duda merite. Sin embargo, y como ocurriera con la obra de Kafka, antes deberá hacerse accesible y, hasta entonces, Flight Simulator seguirá siendo un absurdo del que espero que aprendamos tanto o más que de su despliegue técnico.

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