Videojuegos

El hype es mentira

Y Cyberpunk 2077 no existe.

No pretendo demonizar a CD Projekt más de lo que prensa nacional e internacional ya lo han vapuleado —merecidamente—; creo que, a estas alturas, debería resultar bastante obvio que la industria del videojuego cuenta sus verdades a medias. ¿Y cómo no hacerlo?

Al igual que la denuncia del mal llamado crunch explotó a partir de Red Dead Redemption 2, casi como una revelación bíblica que nos escupía a la cara un incómodo “aquí también pasa”, la propia acerca de la publicidad engañosa (o mentiras, como me gusta llamarlo) se generalizó con aquel increíble tráiler de Watchdogs en el E3 de 2012. Meses después, la palabra downgrade ya estaba en boca de todos, y sendos cánceres azotaron y siguen azotando a una industria enferma que no parece poder sostenerse por sus propios medios.

En el mismo orden de cosas, como cada año por estas fechas se nos han echado encima las Navidades, el fin de año y la manida noticia de que los videojuegos generan más dinero que las películas y los deportes. Juntos. Y no puedo evitar pensar que el medio empieza a ser víctima de su propio éxito, que el videojuego como producto se está comiendo a marchas forzadas al videojuego como arte. Una lacra que empieza a afectar sobremanera a ese ente tan abstracto como reconocible que es la industria triple A.

Esto nos devuelve irremediablemente a Cyberpunk 2077, un juego que no existe. Como tampoco existía el Watchdogs de aquel tráiler de 2012. Como tampoco existía No Man’s Sky. Como tampoco existía Fallout 76. Ninguno de estos juego existió jamás; lo que nos llegó a nosotros no fue más que una sombra de lo que se prometió. Cómo de irónico es que algunos de ellos acabaran siendo títulos notables, en el peor de los casos, o que hayan servido para sustentar sagas enteras, en el mejor.

Cyberpunk 2077 se recordará, quizás, como el mayor bochorno de la historia, en términos de producción y lanzamiento. Ese mismo juego, sin embargo, ya ha superado las trece millones de copias vendidas y solo el tiempo dirá si su tumultuoso estreno realmente afectará a la credibilidad y el prestigio de CD Projekt. Porque en este medio el pasado no importa; solo importa un futuro telegrafiado por esa herramienta tan perversa y maliciosa: las expectativas, que no son más que ideas, tan fáciles de introducir en el ideario colectivo.

Ante esta deprimente realidad solo espero que empecemos a aprender que el hype, como la tarta, es mentira.

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