Cine

No, el dolor no es el amor que persevera

Me gusta Marvel, como a todo hijo de vecino. Por mucho que venere el arte independiente, he de admitir que disfruto los blockbuster como el que más, del mismo modo en que aprecio por igual una cena de etiqueta en un buen restaurante que la comida rápida a domicilio el fin de semana. Quedarse únicamente con lo primero es elitismo, o peor: es mentira. Quedarse con lo segundo lleva al empacho y a la ignorancia, por lo cerrado de sus miras. Como solo sucede a veces, en este caso la virtud reside en el equilibrio, que a principios de 2021 para mí ha significado compaginar una maravillosa introducción al cine de Wong Kar Wai (de quien acabaré escribiendo por inercia) con el seguimiento religioso a Wandavision cada semana.

Y qué refrescante ha sido la introducción verdadera —pues considero Spider-Man: Far From Home como una suerte de interludio— a la fase 4 de Marvel. Me enorgullezco de mí mismo cada vez que no logro conectar y/o critico con sinceridad una obra, al mismo tiempo que valoro y respeto lo que el autor ha querido hacer con ella; admito que los primeros capítulos de la que en España se ha visto obligatoriamente mal traducida como Bruja escarlata y Visión me dejaron tan frío como me fascinaron. Qué necesario es una visión (nunca mejor dicho) propia y original en el cine palomitero, al menos en cuanto a forma, pues no olvidemos que el control de daños y el estudio económico al que se someten estos productos siempre va a primar ante cualquier inquietud artística. Por eso es tan especial Wandavision, o al menos sus primeros capítulos, porque logran una impresión de homenaje, en este caso al género de comedia de situación, dentro de una serie que bien podría haber elegido derroteros más seguros y conformistas.

Sin embargo, conforme los capítulos avanzaban y el hechizo de Wanda se desvanecía, así lo hacía esa presunta originalidad con fecha de caducidad. “Esto sigue siendo Marvel, amigos”, parece escupirnos a la cara en su último tercio, para bien y para mal. Y no solo me refiero a lo bombástico del texto, que escala hasta niveles esperables (de nuevo, esto es género de superhéroes, incluso yo he venido para esto), sino a una torcedura del subtexto que roza, si no toca, lo tóxico. Culpa mía, supongo, por esperar que un producto fabricado por y para estadounidenses hiciera una lectura sana de la pérdida, o al menos que no nos vomitara con una esperable frase lapidaria, carne de tuits fijados e historias de Instagram: “qué es el dolor, sino el amor que persevera”.

No.

Prometo que mi crítica no tiene tanto que ver con mi profesión. Podría escribir un ensayo acerca de lo que es el dolor realmente, entendido en este caso como un estado depresivo frecuentemente ligado a procesos de duelo, y cómo no supone una forma de amor (porque el amor es otra cosa), si no un producto de él. Podría escribir sobre lo peligroso que es confundir una causa con su consecuencia, en especial si hablamos de salud mental. Podría escribir sobre la importancia de racionalizar el duelo, pues supone un volcán emocional con más peligros que uno real. Pero hoy no he venido a escribir como psicólogo, principalmente. Y lo que pasa es que cada vez aprecio más la filosofía, las opiniones de pensadores y las frases lapidarias, cuando encierran un trozo de verdad interpretable y no se quedan como entes vacíos enunciados sin conciencia de causa.

No me debería sorprender que Marvel utilice sus productos con fines propagandísticos, que en este caso tenderían más a una publicidad moral accidental, pero que a veces parece completamente intencionada. Capitana Marvel fue quizás uno de los casos más sonados de esto último, encerrando en sus más de dos horas de film una exaltación al cuerpo militar estadounidense que no pasó desapercibido para críticos y medios especializados, pero que a buen seguro apenas se nos pasó por la cabeza a nosotros, a ti y a mí, cuando salimos del cine en 2019. Y ese es el problema: que no se nos pasa por la cabeza, que aceptamos inconscientemente lo que vemos porque es espectacular, es bombástico, la sala está llena a nuestro alrededor y llevamos semanas escuchando sobre esa película antes de haber ido a su estreno religiosamente. Dentro de esa ficción, parte o todo de lo que se nos muestra, especialmente los fragmentos en los que podemos establecer un paralelismo fácil con nuestra realidad, deben ser verdad… ¿No?

Espero no me entendáis mal, pues querrá decir que no he sabido expresarme todo lo bien que debería. No pretendo invalidar los sentimientos de aquellas personas a quienes les haya llegado la historia de Wanda y Vision, que yo también he sentido como mía. La propaganda y la “publicidad moral” son temas muy complejos y repletos de grises. Lo que quiero es que seamos críticos de una vez con lo que consumimos, especialmente si se trata de blockbusters. Otro ejemplo reciente que se me ocurre es el de Shingeki no Kyojin, uno de los shonen más populares y mi favorito dentro del género, que en su última temporada (todavía en emisión) ha elevado su subtexto a unas cotas tan elevadas que llega a patinar por momentos en su pretendida alegoría del fascismo, y más concretamente del nazismo.

Es bueno ver de todo. No solo por mantener un cierto equilibrio cultural, por poder acercarse al arte desde el mayor abanico de perspectivas posibles, sino por mera salud mental. Desactivar el cerebro es una práctica recomendable, más allá de cuando dormimos, pues dormir no es descansar (como comúnmente se piensa), sino cumplir una necesidad. Nos debemos esos mal llamados placeres culpables, que no dicen nada de nosotros más que para los elitistas. Lo único que no podemos perder es el espíritu crítico, porque no puntualizar estas cosas significa aceptarlas sin darnos cuenta, y todas esas ideas pueden ir permeando a nivel social si nosotros, como individuos, no hacemos el esfuerzo por darnos cuenta de cuándo el entretenimiento encierra propaganda —que no debe confundirse con el carácter político inherente al arte—, por cerrar la boca cuando nos escupen y nos vomitan.

3 comentarios en “No, el dolor no es el amor que persevera”

  1. Buenas. Leí este artículo hace tiempo y quería volver a ver el vídeo adjunto de Attack on Titan y el fascismo. pero YouTube lo ha borrado.
    ¿Recuerdas como se llaman el canal que hizo el vídeo?
    Muchas gracias.

    Le gusta a 1 persona

    1. ¡Hola! Lo primero, muchas gracias por dedicar un ratito a leer mi columna ^^
      El canal en cuestión es Just Write y, aunque no siempre estoy de acuerdo con él, es un punto de vista que me suele gustar tener. Por lo que veo, le han obligado a borrar el vídeo por cuestiones de derechos de autor, pero te recomiendo cualquiera de sus trabajos, la verdad.
      ¡Un abrazo y gracias a ti!

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